Nos encontramos sin duda ante el elemento más peculiar del patrimonio del agua alcublano, que trascurre por terrenos de las partidas de los Bones, Santa Bárbara, la Mena y casco urbano. Conocido con el nombre de “Mena de San Agustín”, popularmente es identificada sólo con el tramo visible o acueducto, olvidando su interesante parte subterránea.
Su origen lo hallamos en el año 1615, cuando se contrató al aguador Joan Blasco para que hiciese un pozo en la partida de Santa Bárbara, justo en el lugar donde en 1601 otro “aguador” había encontrado indicios de agua. El 28 de agosto del año 1618 la búsqueda dio resultado positivo y por ser el día de la festividad de San Agustín se le dio ese nombre al pozo. Poco más tarde, el 22 de septiembre, el Consejo de la Villa dio facultad “a Bartholomé de Hontanilla y otro cantero para que hagan capítulos sobre la obra de la fuente que está comenzada siguiendo el nivel a la misma hondaria que lo hecho hasta el pozo del manantial junto al ventisquero”, siendo necesario puntualizar que el ventisquero al que se alude es el hoy en día desaparecido ventisquero de Santa Bárbara, situado cerca de la ermita del mismo nombre.
En el año 1623 proseguían las obras de la mina o cava de la fuente, siendo los canteros Joan Martínez y Pedro Sanz los encargados de hacerla junto con Hontanilla. Es precisamente en este año cuando hallamos la primera referencia documental a esta galería llamándola la Mena, en una licencia del prior de la Cartuja de Valdechrist para proseguir las obras. En el año 1625 se subastó “el alcaduçar el agua de la fuente a quien por menos lo haga”, o lo que es lo mismo, canalizarla, y el 9 de octubre el Consejo nombró a dos expertos para que recibiesen la obra, aunque no lo hicieron por no estar hechas conforme a los capítulos del contrato, subsanándose los defectos ya entrado el año 1626. Según los Libros de Cuentas de la villa, en la obra de la fuente, esto es de hacer el pozo, la mina y canalizar el agua, se gastaron un total de 1053 libras y 19 sueldos.